¿CÓMO ELEGIR EL PERRO ADECUADO?

La cuestión primordial para la persona que desea comprar un perro es la siguiente: «¿Cuál es la mejor raza? Esta pregunta me la han formulado en infinidad de ocasiones a lo largo de muchos años.

En una ocasión, una tímida jovencita vino a preguntarme si un yorkshire sería un perro adecuado para ella, dado que vivía en un estudio de una sola habitación y se ausentaba muchas horas al día. Yo le hice saber que, en mi opinión, la elección no podía ser más acertada. Sin embargo, al cabo de seis meses volvió de nuevo con un mastín napolitano de la correa. Sin ánimo de engañar a nadie, aquel deseo de tener un mastín napolitano se lo había leído en la mirada desde el primer momento.

Pero la jovencita no volvía para hacer ostentación de su moloso y darme a entender que había hecho caso omiso de mis consejos. Volvía porque estaba desesperada: el moloso se había comido todo el cojín bordado por su abuela y pretendía dormir en la cama con ella. Volvía y me preguntaba: «¿Qué puedo hacer?». Si el consejo hubiera sido cambiar de perro, probablemente le hubiese ordenado al mastín que me mordiera.

«¿Qué perro me compro?» es la pregunta más retórica que se puede formular a alguien que sabe algo de perros, pues quien hace la pregunta ya tiene siempre la respuesta grabada con fuego en el alma, y lo que busca es un consenso, no un consejo. Si le propones el perro que le gusta, te adorará; si le propones otro, simplemente te ignorará.

Un caso bien distinto es el de la persona que duda entre dos o tres razas que rivalizan en su fuero interno. Cuando alguien me dice: «Me encantan el pastor alemán, el boxer y el samoyedo, ¿cuál me aconseja usted?». Entonces le comento las características de cada raza y analizo las ventajas y los inconvenientes de cada una de ellas, convencido de no estar perdiendo el tiempo. Quizá no elige el perro que yo hubiera imaginado, pero sé que mis palabras habrán servido para provocar una reacción que le ha hecho decidirse por una de las tres razas.

Una cosa es cierta, cuando no se tiene todavía una preferencia clara no hay que limitarse a mirar unas cuantas fotos, sino que debe elaborarse un plan de acción: primero debemos saber para qué lo queremos, qué esperamos de él, en definitiva que utilidad le vamos a dar; esto hará una primera criba de razas. Seguidamente preguntémonos qué le aportaremos nosotros a él, qué tipo de guía seremos, qué estamos dispuestos a darle.

Quizás el primer punto puede parecer una obviedad: es lógico que un cazador no comprará nunca un chihuahua y que una familia que tema la posibilidad de ser robada no escogerá un pequinés para la guarda de la casa. Pero cuando pasamos al perro de compañía, los límites resultan mucho más difusos: conozco varios casos de ancianas de paso inseguro y vacilante que se juegan la piel detrás del dogo que criaron desde que era un cachorrito.

Para concluir, si nos gusta un perro en concreto, quedémonoslo y no le demos más vueltas. Pero si buscamos un amigo de cuatro patas y no tenemos todavía ninguna preferencia clara, será útil pensar primeramente en el tipo de perro que nos gustaría tener al lado, y a continuación en nuestra personalidad, aficiones, manías y, por qué no, en nuestras limitaciones.

Solamente me queda por añadir que una vez estemos convencidos del perro que queremos, no deberemos ir corriendo a comprar uno. Es aconsejable leer alguna monografía sobre la raza, visitar alguna exposición canina (o prueba de trabajo, si se trata de una raza de trabajo), conversar con personas que se dediquen a la cría de aquella raza concreta (o que trabajan con aquel tipo de perro) para que nos informe y nos aconseje. Una ilustración y un comentario resumido, como el que encontrarás en esta página, pueden servir para despertar el interés por un determinado perro. Pero antes de proceder a la compra es conveniente transformar el deseo instintivo en una elección responsable. Sólo así se puede ser el guía feliz de un perro igualmente feliz.

Cada persona debería escoger un perro que fuese compatible con su estilo de vida

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