¿DÓNDE COMPRAR EL PERRO?

Para efectuar una buena compra habrá que elegir no sólo la raza, sino también el lugar. Los cachorros no son todos iguales; quedarse con el primero que encontremos puede comportar una serie de problemas que van del simple perjuicio económico (si pagamos una cantidad desproporcionada), al dolor de una pérdida prematura (si el cachorro no está sano), sin olvidar el peligro potencial (si el perro es pendenciero).

En primer lugar hace falta saber exactamente lo que esperamos de un perro. Si queremos un perro de compañía no necesitaremos un ejemplar bellísimo o extraordinariamente valiente; nos bastará con un perro típico, sano y equilibrado, sin problemas de carácter. Con toda seguridad, en un buen criadero podrán proporcionarnos uno, y con un poco de suerte también podremos encontrarlo en una tienda de animales o contactando con un particular. El único inconveniente es que por regla general ni los particulares ni los comerciantes suelen ser cinófilos expertos, y por tanto, difícilmente estarán en condiciones de dar una «garantía de calidad». Una solución es contar con el consejo de un experto que nos acompañe a ver los cachorros y nos ayude a elegir.

La persona más indicada para valorar el estado de salud y el carácter será el veterinario. Sin embargo, no podremos esperar que este último certifique la belleza de un perro, ya que este campo no es de su competencia. Si no contamos con la ayuda de ningún experto, podemos hacernos una idea del aspecto que tendrán los cachorros observando a los padres.

Si queremos un perro de exposición o para participar en pruebas de trabajo, hay que tratar con un buen criador, puesto que es la única persona que selecciona los ejemplares basándose en las características físicas y psíquicas de sus perros.

El criadero debe estar reconocido por la RSCFRCE (Real Sociedad Central de Fomento de las Razas Caninas en España) y estar especializado en la raza que nos interesa. Muchos criadores no pueden ser considerados como tales, y lo único que tienen es un rótulo en la entrada, ya que carecen de afijo reconocido por la Federación Cinológica Internacional (FCI) o utilizan un solo afijo para vender muchas razas.

Un buen profesional se dedica a una raza o como mucho a dos. Excepcionalmente un criador puede trabajar con tres razas, lo que requiere un esfuerzo considerable si pretende criar bien, pero no más. El criador que trata con cincuenta razas y que realiza «envíos a todos los puntos del país, islas incluidas, con posibilidad de pago en cómodos plazos» quizá sea un honestísimo comerciante, pero indudablemente no es un criador profesional y nunca podrá garantizar un ejemplar de alto nivel, ni aun teniendo cien afijos.

Para obtener información sobre los mejores criaderos se puede telefonear a la RSCFRCE o al club de la raza que nos interesa.

La elección de un cachorro no debe basarse sólo en aspectos estéticos

EL PERRO SIN PEDIGRÍ

Muchos creen que cuando no se tiene interés por las exposiciones se puede comprar un perro sin pedigrí, ahorrándose una cierta cantidad de dinero. Sin embargo, conviene realizar algunas consideraciones:

• El pedigrí no identifica un perro de calidad, sino un perro de pura raza. Por ejemplo, un pastor alemán sin documentación, aunque sea bellísimo, no puede ser definido como tal, por lo que no podrá participar en ningún certamen oficial y tendrá dificultades para encontrar una pareja para la reproducción. Los propietarios de perros de raza pura nunca permiten que se apareen con ejemplares sin pedigrí, porque los cachorros tampoco podrían tenerlo (no basta con que uno de los progenitores tenga pedigrí) y perderían el valor comercial.

• Cuando alguien desea tener un perro de raza es porque le gustan las características psíquicas y físicas de la raza (de no ser así podría optar por otro perro, mestizos incluidos). No se puede estar seguro de encontrarlas en un ejemplar que carezca de pedigrí, ya que no es producto de un proceso de selección orientado a mantener y mejorar sus cualidades. Es como salir de casa dispuesto a comprar un deportivo rojo, y volver con un utilitario, que a pesar de que sea rojo, tenga un motor y cuatro ruedas, y sea mucho más barato, no tendrá nunca las mismas prestaciones.

¿CACHORRO, PERRO JOVEN O ADULTO?

El cachorro no es la única elección posible, aunque es la mayoritaria por varios motivos, más o menos fundados. Si queremos seguir el desarrollo del perro desde el primer hasta el último instante de su vida, disfrutar de sus primeros descubrimientos, adaptar su carácter a nuestro ritmo de vida, no dudemos en inclinarnos por un cachorro.

En cambio, si tenemos problemas de tiempo, si nos horrorizamos ante un pipí en la alfombra y si nos resignamos a quedarnos con un cachorro porque creemos que nos querrá más que un animal joven o un adulto, estamos cometiendo una equivocación. El cariño que pueda sentir un perro por el dueño es idéntico a todas las edades; la única diferencia está en el tiempo. El cachorro necesitará un par de semanas, mientras que al adulto probablemente le harán falta dos meses (especialmente si tenía una buena relación con el dueño anterior). Pero el resultado final será siempre el mismo, es decir un perro que nos entregará su corazón, su dedicación y su fidelidad.

A continuación analizaremos los pros y los contras del perro joven y del adulto. Los puntos que pueden interpretarse como positivos o negativos según la situación se han considerado en el tercer apartado.

PERRO JOVEN (DE CINCO A DOCE MESES)

Ventajas

• El físico y el carácter todavía se pueden moldear, y nos ahorraremos muchas dificultades de orden práctico. El perro joven ya no defeca en casa (o aprende a no hacerlo); ha cambiado ya los dientes y por lo tanto ya no roe de manera indiscriminada y suele conocer órdenes básicas como «ven» y «no».

• Si tiene más de cinco meses, por medio de una radiografía podremos saber el grado de riesgo de displasia de la cadera.

• Un experto puede valorar con una aproximación del 80 % sus posibilidades de éxito como perro de exposición o de trabajo.

Inconvenientes

• Nos tendrá muy ocupados (aunque menos que el cachorro).

• Ocasionará menos desperfectos, pero serán de mayor magnitud que los que habría podido hacer un cachorro.

Depende…

• Estará parcialmente influenciado por la educación y el trato recibidos anteriormente; esto puede ser positivo si la relación había sido buena, pero será un verdadero desastre en caso contrario.

• Si pertenece a una raza de desarrollo rápido (véase «Neotenia y relaciones con el hombre») será muy difícil imponerle nuestra voluntad; por el contrario, si pertenece a una raza muy jerárquica no tendremos problemas, siempre que sepamos comportarnos como auténticos jefes de la familia.

• Si el ejemplar es muy bello y se le detecta una marcada aptitud para el trabajo, su precio será más elevado que el de un cachorro. Sin embargo, a veces se puede encontrar algún cachorro al que se le hayan cerrado las puertas de la fama por culpa de un detalle ínfimo (por ejemplo, los ojos un poco claros en una raza que los tiene muy oscuros). Estos defectos penalizarían en una exposición, pero no constituyen ningún problema para quien desea sólo un amigo o un guardián. Con un poco de suerte se puede tener un perro magnífico a buen precio (el criador querrá deshacerse de él y seguramente nos lo propondrá).

ADULTO (MÁS DE DOCE MESES)

Ventajas

• Si queremos un ejemplar de exposición o si queremos participar en pruebas de trabajo, el adulto nos ofrecerá garantías y no simplemente esperanzas.

• Podrá utilizarse inmediatamente como reproductor.

• Exigirá menos tiempo y menos atenciones que un cachorro.

• Sabremos con certeza si padece alguna tara genética.

• Correrá menos riesgos que el cachorro y que el perro joven en el ámbito higiénico y sanitario.

Inconvenientes

• Vivirá menos tiempo con nosotros.

• Los posibles comportamientos indeseables (agresividad contra los niños o contra los animales) estarán muy arraigados y serán muy difíciles de corregir.

Depende…

• El perro que ya ha obtenido buenos resultados o títulos (en exposiciones de belleza o pruebas de trabajo) es siempre muy caro; pero si queremos un perro «normal», podremos obtenerlo a muy bajo precio o incluso gratis. Los criadores muchas veces están encantados cuando alguien les brinda la oportunidad de quedarse con uno de sus ejemplares maduros, que ya no puede ser utilizado con fines deportivos o comerciales, pero que todavía está en condiciones de proporcionar mucho amor y satisfacciones a la familia que se haga cargo de él.

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