TENER UN PERRO

Para adquirir un perro no basta con saber qué aspecto tiene, cuánto dinero vale y cuáles son sus dimensiones. Hay que conocer sus características psíquicas y físicas para saber lo que podemos esperar de él y lo que él esperará de nosotros.La adquisición de un perro no es como la de un par de zapatos. Es «casi» como adoptar a un niño, porque requiere responsabilidad.El perro es un ser vivo, sensible e inteligente, y como tal se le debe respetar.El perro puede ser un amigo, un colaborador, un miembro de la familia y no un animal al que únicamente hay que dar de comer dos veces al día, porque —al igual que un niño— no sólo necesita comida, sino también amor, atenciones y educación.
El hombre debe ser el mejor amigo del perro
Ser guía de un perro significa tener las ideas muy claras sobre su posible peligro para los niños, el coste real del mantenimiento y la dedicación que requiere el adiestramiento. Las enfermedades que pueda contraer o transmitir, aunque deben tenerse siempre en cuenta, son algo secundario a la hora de decidirse.
A continuación intentaré dar respuesta a las preguntas más frecuentes que los futuros guías  de perro se plantean antes de adquirirlo o después de haberlo hecho.
Antes de proseguir, quisiera añadir que, por lo general, quien habla categóricamente de perros, suele hacerlo de oídas (de lo que les ha contado otro guía, o quizás ha tenido un par de perros que han vivido siempre en el jardín sin que su relación con ellos fuese muy estrecha, y a la hora de la verdad no sabe nada de perros, a pesar de expresarse con todo el convencimiento posible. Ningún cinófilo experto adoptará nunca esta actitud, porque la persona realmente experta sabe que para saberlo «todo» sobre los perros debería vivir diez veces o más.
En otro orden de cosas, conviene aclarar que los perros asesinos no existen. No existen razas propensas a morder a los niños, ni tampoco los perros que rondan constantemente con la boca babeando y los ojos fuera de las órbitas, en búsqueda de un ser humano al que hincar voluptuosamente el diente. Existen perros muy agresivos y perros menos agresivos, pero la agresividad no es un defecto, sino un componente del carácter como cualquier otro. En unas razas se ha seleccionado más que en otras y se han creado perros muy agresivos contra los animales salvajes (por ejemplo los terrier), y también perros muy agresivos contra otros perros (razas concebidas para pelear), pero ninguno de ellos tiene aversión por el hombre. Es más, normalmente las razas con mayor tendencia a morder a sus congéneres adoran al hombre y son extraordinariamente dulces con los niños. Si por un lado es cierto que los perros asesinos no existen, por el otro podemos afirmar que los que sí existen son los hombres asesinos. Estos últimos pueden convertir en un animal peligroso y mordedor incluso a un inocente caniche, porque el perro tiene el único y grave defecto de estar dispuesto a todo para complacer a su guía: si se le pide que muerda a niños y ancianos, él morderá a niños y ancianos. Pero la bestia no es el perro. El hecho de que los caniches no figuren entre los perros más crueles y mordaces simplemente quiere decir que las personas desequilibradas no compran caniches y prefieren otro tipo de perros. Sin embargo, un ejemplar de cualquier raza, en manos de personas responsables y prudentes, será muy cariñoso y fiable, lo que no hace más que confirmar nuestra tesis: la única especie realmente capaz de actuar con salvajismo es el ser humano.

NIÑOS E INSTINTO PREDATORIO

Existe la posibilidad de que un perro muerda a un niño, sin que el animal o el guía padezcan un desequilibrio psicológico. En algunos casos el niño actúa de forma incorrecta y se comporta como una presa en lugar de hacerlo como un pequeño ser humano.

Todos los perros mantienen parte de su instinto predatorio. Una pulsión instintiva se desencadena automáticamente, sin que el perro tenga la posibilidad de razonarla. Esta pulsión es la que le induce a perseguir —y en alguna ocasión a morder— todo lo que tiene el aspecto de una presa y se comporta como tal.

Para el perro, igual que para su antepasado lobo, es «presa» todo aquello que es más pequeño que él y que huye con rapidez, emitiendo sonidos agudos; esto responde exactamente a la imagen de un gato dándose a la fuga, de un animal de corral que corre aleteando… y de un niño que, por miedo al perro, huye gritando o llorando. Con un estímulo de estas características cualquier perro puede emprender la persecución. Quizá lo haga solamente para jugar, pero el niño se puede asustar y tener todavía más miedo a los perros.

Por esta razón es indispensable enseñar a los niños a no escapar y a no chillar a un perro, sino a mantener la calma y esperar quietos a que intervengan los padres.

Está claro que si el niño tiene miedo, las recomendaciones servirán de bien poco. Por tanto, la única solución es impedir desde el principio que el niño tema a los perros

El perro es un amigo, y es absurdo y antinatural tenerle miedo; un niño que tiene fobia a los perros no tiene una buena relación con la naturaleza y esto repercute en su carácter. Se ha demostrado que los niños que aman a los animales son los que se relacionan mejor con todo el mundo). En muchos casos el niño «hereda» de sus padres, el temor hacia los perros, a través de la conducta que observa en ellos.

PARA PADRES QUE TIENEN MIEDO DE LOS PERROS

• En primer lugar, han de explicarse a ellos mismos, y luego al niño, que el miedo a los perros quizá se deba a un hecho concreto (por ejemplo, un susto cuando se era niño) que no puede hacerse extensivo a toda la especie. El 99 % de los perros es totalmente inofensivo.

• No hay que gritar ni hacer movimientos bruscos si el niño, de forma espontánea, se dirige a un perro desconocido, pues se asustaría al animal y podría inducirle a pensar que el niño representa una amenaza para él.

• No pueden decirse nunca al niño frases como «¡no lo toques que te morderá!» o «¡no lo toques, está lleno de pulgas!», ya que además de inducir al niño a temer a los perros, no se corresponden con el verdadero peligro que pueden representar. Las pulgas, en caso de haberlas, prefieren estar en el manto del perro, y difícilmente pasan al hombre, cuya sangre encuentran menos apetecible. En cuanto al peligro de ser mordido, recordemos que un perro mordedor que su guía lleve de la correa, seguramente llevará también el bozal puesto. Si no lo lleva será porque no muerde y no tiene ningún sentido asustarse. En cuanto a los perros callejeros, es difícil adivinar su carácter; de todos modos, al no estar retenidos por la correa, si no les gustan las atenciones del niño siempre pueden irse, que es lo que normalmente hacen. En definitiva, es rarísimo que un perro muerda a alguien si tiene posibilidad de irse.

• Es preciso enseñar al niño a no correr y a no gritar nunca cuando está delante de un perro.

El perro es un buen amigo que el niño debe conocer.

PARA PADRES QUE NO TIENEN MIEDO DE LOS PERROS

• No hay que explicar al niño cuentos en los que aparezca un «lobo feroz» entre los protagonistas, o bien hacerle entender (con palabras simples y adecuadas a la edad) que el «lobo feroz» es una invención literaria, y que los lobos de verdad no se comen a nadie.

• Es preciso enseñar al niño a no abalanzarse sobre un perro desconocido, sino a acercarse a él lentamente, llamándolo y mostrándole la mano para que la pueda oler. Un perro al que alguien se acerca correctamente no morderá nunca sin aviso previo.

• Además, hay que explicar al niño cuáles son los signos de agresividad (pelo erizado, orejas hacia atrás, gruñido) para que entienda que el perro utiliza este «lenguaje» para decir que no quiere que le toquen, y que se debe respetar su deseo y dejarle en paz.

• Se debe enseñar al niño a no correr y a no gritar cuando está delante de un perro.

PARA PADRES DE NIÑOS QUE YA TIENEN MIEDO DE LOS PERROS

• No hay que obligar nunca al niño a acercarse a un perro, sino que serán ellos quienes den ejemplo acariciando y jugando con perros, sin forzar al pequeño.

• Conviene que el niño vea películas o documentales en los que los perros sean presentados como protagonistas positivos.

• Se puede invitar al niño a que juegue con perros de peluche.

• Para los primeros contactos con un perro, no hay que elegir nunca un cachorro o un perro joven, más efusivos: un cachorro, jugando, puede mordisquear zapatos o calcetines, un perro joven puede tirar al suelo a un niño queriendo en realidad expresarle su cariño. En estas circunstancias, el niño, en lugar de tomar confianza con el perro, se asustará porque no entenderá las intenciones amistosas del perro, y en lugar de solucionar el problema lo empeoraríamos. Es preferible buscar un perro adulto tranquilo y al que le gusten los niños, que se deje acariciar y llevar de la correa.

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